LA JIRAFA INCONFORME
La primera vez que Paty se asomó al río y vio lo largo
que tenía el cuello, no le hizo ninguna gracia."Este no es buen
espejo", se dijo “Me miraré en la laguna que tiene el agua mas
tranquila" Y antes de que el sol brillara demasiado Paty corrió a la
laguna para mirarse bien. Allí comprobó que nada había cambiado su cuello
parecía una larga vara con una cabecita en la punta. La jirafa quedó muy mal
impresionada; observa, de reojo en cuanto animal le cruzaba cerca, deseando que
alguno se le pareciera, y no los halló más que en su propia familia. "¿Y
si pruebo a encogerme un poco? A lo mejor así el defecto se notará menos",
pensó ella. Pero el resultado fue peor, porque se le hizo una joroba. “Seguiré
probando", suspiró muy bajito Paty. "Tengo que seguir probando".
Esta vez, la pequeña jirafa fue a vivir a una cueva, decidida a salir solo
durante la noche; pero como Paty era tímida, en cuanto se vio sola en la
oscuridad, echo a correr y se acurrucó junto a su mamá. Por muchos meses la
joven jirafa sufrió calladamente lo que ella creía un terrible defecto. Estaba
tan desconsolada que hasta quiso ser como la rana Camelia, que parecía una
vasija. Pasó un largo tiempo sin que Paty dejara de pensar en lo mismo, pero
sin hallarle remedio. Ella crecía, se estiraba y a la vez también crecía su
cuello, que siguió mostrando una pequeña cabeza y cuernitos muy graciosos, como
dos caramelos. Cansada de su secreta lucha, un día entendió que con negarse a
ser como era, solo conseguía estar siempre triste y arrinconada. Por eso Paty
hizo así: compró veinte metros de cintas de diferentes colores y se llenó de
lazos el larguísimo cuello para que todos la miraran. ¡Y resultó que Paty se
veía muy linda!
